
martes, 13 de agosto de 2019
MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO A LOS PARTICIPANTES EN EL SIMPOSIO INTERNACIONAL DE CATEQUÉTICA
[11-14 DE JULIO DE 2017, BUENOS AIRES]
A Su
Excelencia Mons. Ramón Alfredo Dus,
Arzobispo de Resistencia,
Presidente de la Comisión Episcopal de Catequesis y Pastoral Bíblica
Arzobispo de Resistencia,
Presidente de la Comisión Episcopal de Catequesis y Pastoral Bíblica
Querido
hermano:
Un cordial
saludo a vos y a todos los que participarán en los diferentes encuentros de
formación que ha organizado la Comisión Episcopal de Catequesis y Pastoral
Bíblica.
San
Francisco de Asís, cuando uno de sus seguidores le insistía para que le
enseñara a predicar, le respondió de esta manera: «Hermano, [cuando visitamos a
los enfermos, ayudamos a los niños y damos comida a los pobres] ya estamos
predicando». En esta bella lección se encuentra encerrada la vocación y la
tarea del catequista.
En primer
lugar, la catequesis no es un «trabajo» o una tarea externa a la persona del
catequista, sino que se «es» catequista y toda la vida gira en torno a esta
misión. De hecho, «ser» catequista es una vocación
de servicio en la Iglesia, lo que se ha recibido como don de parte del
Señor debe a su vez transmitirse. De aquí que el catequista deba volver
constantemente a aquel primer anuncio o «kerygma» que es el don que le cambió
la vida. Es el anuncio fundamental que debe resonar una y otra vez en la vida
del cristiano, y más aún en aquel que está llamado a anunciar y enseñar la fe.
«Nada hay más sólido, más profundo, más seguro, más denso y más sabio que ese
anuncio» (Evangelii Gaudium, 165). Este anuncio
debe acompañar la fe que está ya presente en la religiosidad de nuestro pueblo.
Es necesario hacerse cargo de todo el potencial de piedad y amor que encierra
la religiosidad popular para que se transmitan no sólo los contenidos de la fe,
sino para que también se cree una verdadera escuela de formación en la que se
cultive el don de la fe que se ha recibido, a fin de que los actos y las
palabras reflejen la gracia de ser discípulos de Jesús.
El
catequista camina desde y con
Cristo, no es una persona que parte de sus propias ideas y gustos, sino
que se deja mirar por él, por esa mirada que hace arder el corazón. Cuanto más
toma Jesús el centro de nuestra vida, tanto más nos hace salir de nosotros
mismos, nos descentra y nos hace ser próximos a los otros. Ese dinamismo del
amor es como el movimiento del corazón: «sístole y diástole»; se concentra para
encontrarse con el Señor e inmediatamente se abre, saliendo de sí por amor,
para dar testimonio de Jesús y hablar de Jesús, predicar a Jesús. El ejemplo
nos lo da él mismo: se retiraba para rezar al Padre e inmediatamente salía al
encuentro de los hambrientos y sedientos de Dios, para sanarlos y salvarlos. De
aquí nace la importancia de la catequesis «mistagógica» que es el encuentro
constante con la Palabra y con los sacramentos y no algo meramente ocasional
previo a la celebración de los sacramentos de iniciación cristiana. La vida
cristiana es un proceso de crecimiento y de integración de todas las
dimensiones de la persona en un camino comunitario de escucha y de respuesta
(cf. Evangelii
Gaudium, 166).
El
catequista es además creativo;
busca diferentes medios y formas para anunciar a Cristo. Es bello creer en
Jesús, porque él es «el camino, y la verdad y la vida» (Jn 14, 6) que colma nuestra existencia de gozo y de
alegría. Esta búsqueda de dar a conocer a Jesús como suma belleza nos lleva a
encontrar nuevos signos y formas para la transmisión de la fe. Los medios
pueden ser diferentes pero lo importante es tener presente el estilo de Jesús,
que se adaptaba a las personas que tenía ante él para hacerles cercano el amor
de Dios. Hay que saber «cambiar», adaptarse, para hacer el mensaje más cercano,
aun cuando es siempre el mismo, porque Dios no cambia sino que renueva todas
las cosas en él. En la búsqueda creativa de dar a conocer a Jesús no debemos
sentir miedo porque él nos precede en esa tarea. Él ya está en el hombre de
hoy, y allí nos espera.
Queridos
catequistas, les doy las gracias por lo que hacen, pero sobre todo porque
caminan con el Pueblo de Dios. Los animo a que sean alegres mensajeros,
custodios del bien y la belleza que resplandecen en la vida fiel del discípulo
misionero.
Que Jesús los bendiga y la Virgen
santa, verdadera «educadora de la fe», los cuide.
Y, por favor, no se olviden de
rezar por mí.
Vaticano,
5 de julio de 2017
Francisco
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
Calendario de Adviento (Imprime, Colorea, Pega, Recorta y Úsalo)
-
Ir a Facebook Didafe Material Didácticos El Lapbook como recurso didáctico El Lapbooks es un recurso didáctico muy creativo para tr...
-
Ir a facebook Didafe Materiales Didácticos La Importancia del Juego en los Niños y las Niñas El juego es tan importante para el desarrol...
